jueves, 19 de junio de 2014

Corazón suicida

Tengo el corazón suicida que se tira a las primeras vías que encuentra sin saber si parara o lo llevara por delante, también tengo la boca llena de palabras sin decir por miedo o las ojeras marcadas por necesidades sin cubrir, no sé, tal vez he vivido menos que un gato, pero podría decirte quién merece la pena y quién solo te quiere romper y le odio, porque para una vez que no necesito a nadie, me quieren, y eso solo significa que la próxima vez que me hunda nadie me necesitará, y es que he gastado más tiempo del que tenía en labios ajenos, viendo la vida de otros pasar mientras la mía se paraba así que no me hables de sueños si nunca has tenido insomnios y has amanecido sin ganas de salir al sol por exceso de noches mirando al vacío, escuchando canciones que nadie conoce, intentando tocar el cielo estando bajo tierra.

Dicen que tengo una primavera entre labio y labio, pero que tengo el corazón bajo cero, y eso me vuelve fría y loca, y me hace estar rota y perderme cual poeta entre flores un 14 de febrero, día en el que salgo a la calle con una bala buscando una pistola a mi medida que me dispare con manos temblorosas haciéndome dejar de creer en el amor, haciéndome olvidar enamorarme de una sonrisa que esconde más monstruos que felicidad.

Siento ser tan fría, pero es que es lo que pasa cuando te dejas entender pero nadie te entiende y dejas de ser necesitado o de necesitar, quién sabe.

No entiendo la necesidad de madurar, al final, eso solo significa volvernos un poco menos soñadores, y últimamente eso es lo que hace falta, más sueño y menos dolor, y es que odio las noches y los pensamientos que te hacen replantearte la persona que eres.

¿Qué sentido tiene la vida?, ¿A qué aspiramos?, ¿Qué queremos?, ¿Realmente existe el destino o solo necesitamos una excusa?,  ¿Para qué queremos personas si luego las perdemos?, ¿Por qué besamos sin sentir nada?

Ojalá alguien pudiese responderme a estas preguntas y pensar que soy una mierda de persona  con mucha más mierda en la cabeza, así que si algún día me veis con una birra en la mano es porque las cosas se han vuelto un poco difíciles y mi vida se basa en despedidas y canciones lentas cargadas de lágrimas.


Supongo que necesito huir, irme lejos de aquí o simplemente esperar a que alguien me diga que me entiende y no me deje ir, aún sabiendo que se me da de puta madre eso de irme sin pedir permiso y llegar tarde sin pedir perdón.

martes, 10 de junio de 2014

Ella es poeta

Ella es la chica del café en la mano, en realidad, no le gusta, solo lo toma para mantenerse despierta ya que cada día pone el despertador a las cuatro, a veces a las cinco, muchas veces seis minutos antes de salir sabiendo que no será capaz de levantarse y lo apagara, no tiene mucha fuerza de voluntad, pero tiene un corazón que no le cabe en el pecho, roto de tantos saltos suicidas al amor, de tantas noches en vela o silencios en el alma, dice estar vacía, como su vaso de tequila un sábado a las doce, pero es que no sabe que es poesía, que no necesita poetas que la hagan musa de un poema de bar, ya que ella ya es la musa de las palabras que encierran su vacío, que irónico resulta que este tan vacía y a la vez tan llena, e igual es eso lo que le falla, los sentimientos que la hacen temblar pero que nunca la hicieron dudar al borde de un precipicio, y es que ella es muy de meter media pata, para no caerse del todo, por miedo a que venga alguien, la empuje y no pueda ser salvada.

Ella es la de la sonrisa que quita el aire los sábados, la de las malas caras un lunes, la que se sienta en el tren mirando al vacío con los cascos puestos como si nada ni nadie pudiese filtrarse entre las grietas de su coraza y adentrarse en su corazón para hacerse un hueco en su vida.
Ella es la que se tapa la cara cuando alguien le intenta sacar una foto o la que se mira en el espejo y solo ve defectos sin pararse a ver lo bonita que es, y sin darse cuenta de los corazones de más que ha roto por quererse de menos, es la que sonríe, se ríe y levanta las manos en el avión cuando hay turbulencias como diciendo ‘Al menos moriré feliz’.

Ella es la chica que se fuga un martes trece en el primer tren que pasa con la soledad cogiéndola de la mano y una persona dispuesta a llenar esa soledad en la última parada, la que resopla nerviosa apartándose los mechones de pelo que caen sobre su cara, ella es la del último vagón, la de la mirada perdida, que prefiere que la llamen ojos tristes a bonita, es la que mira con cautela al chico sentado dos filas más allá o la que piensa que todo saldrá bien aún con la soga al cuello, la que pierde el rumbo y las maneras cuando ve su mirada clavándose en la suya.
La que desde que se fugó dos horas se dio cuenta de que al mundo le da igual si te vas o te quedas, porque seguirá girando, así que ha aprendido a vivir bajo sus reglas pero aún no ha aprendido a no hacer lo que ella quiere.

La que siempre esta con un bolígrafo en la mano, escribiendo por y para alguien, para sacar lágrimas o hacer sonreír una mirada apagada que aún no sabe lo mucho que vale, y es que ella entra cuando la tristeza se refugia en sus amigos con mil abrazos en la recámara, pero cuando la soledad le aprieta las cicatrices, nadie llega dando guerra en busca de su cuerpo frío, ella es así, ayuda al resto, pero nadie la ayuda a ella y eso si echas cuentas acaba saliendo caro, ella no lo sabe, ella aún no sabe que el tiempo traiciona y que hoy estás en el séptimo cielo muriéndote de vértigo y mañana estas bajo tierra, aunque tengo la firme sospecha de que ella se ha quedado anclada entre el cielo y el subsuelo, ya que de vez en cuando se la ve llevando flores a tumbas llenas de cuerpos inertes o mirando al cielo echando de menos.

La que llora en silencio, y ríe en público, la que te esconde las palabras y te cierra el corazón para abrirlo entre folios arrugados y cartas quemadas, dicen que a veces tiembla, en verano de recuerdos, en invierno de ausencia, lo sé porque al caminar deja una huella que dura relativamente lo que dura una calada, pero en corazones deja insomnios y deterioros que jamás podrá pagar porque esta endeudada hasta las tracas con París y vive eternamente en Roma.

Ella es la que sueña con tener una vida hecha o sorprendente, adicta a los nervios de los últimos segundos antes de cruzar la frontera y abrazar el pecho de un desconocido, la que te mira y te hace tambalearte al borde de un precipicio para al final dejarte caer en una felicidad interna al sonreírte, la que te apuñala y avisa para que puedas esquivarlo, a la que apuñalan y matan pero sigue en pie.

La que le dicen que puede dar más, pero eso es porque nunca la han escuchado gritar, gritar que no va a dar de más en cosas que no le gustan, que prefiere dejarse el alma, los sentidos y el corazón en un décimo piso con un paisaje de puta madre y una sonrisa escapándosele entre los dientes, como sus letras desperdiciándose en un folio de papel que nadie leerá.

Es la que echa de menos sin conocer, pero sabe cómo ganarse el cariño y la confianza a kilómetros, ella es prudente, la chica que camina ligera por los pasillos del instituto, la que suspira de vez en cuando con ganas de irse lejos.

Ella es la que se deja la voz en una canción que nadie conoce, o dibuja corazones rotos en un folio en blanco, la que pone una equis solitaria en un baño lleno de nombres de enamorados, la chica de días grises y falda azul.


La que pone mala cara a sus enemigos y abraza a sus amigos, la chica que vivía en un invierno interno pero que cuando sonreía traía la primavera.

domingo, 1 de junio de 2014

No sé querer a nadie que no seas tú

Quizás estemos hechos para odiarnos y seamos idiotas por estar intentando querernos, pero prefiero ser una idiota y besarte cuando te entre la duda de si vales para ser querido o querer, y robarte un beso y abrazarte porque todos merecemos ser amados, y yo lo hago, aún destinados a la soledad, nos aferramos el uno al otro, el fuego al hielo y al final, uno de los dos sale perdiendo, y como siempre, me toca a mí, por haber tocado el fondo, por no querer verte caer conmigo y que no sepas como salir.

Me ha tocado dejar ir todo lo que quiero, por eso te suelto la mano y te digo adiós por cada vez que nos hemos mentido, podríamos pasarnos mil noches despiertos echándonos pasado en cara, pero me miras, me sonríes y nos pasamos la vida dibujando corazones en la espalda del otro, y ya no sé cómo decirte que me voy, sin irme contigo.

Le he ganado el pulso a tu sonrisa, sin saber que sin tu sonrisa pierdo el corazón, las ganas y la cordura, y he vuelto a perder, a pedirte que vuelvas y me confíes el último secreto, el de nuestros labios diciéndose lo que nuestras voces temen decirse, y sí, te quiero con el corazón en banca rota por gastarme poesía en ti, mi felicidad, que no quiere volver.

Y no vuelves, pero te espero, y no me dices que vaya, pero me miras, y tu vacio me cala, así que lo dejo todo y tus brazos me parecen el refugio más estable que conozco.

Y volamos, y vuelo, hacía abajo sin darme cuenta de que estoy cayendo en picado por un precipicio que lleva tu nombre, pero no tu seguro, porque la seguridad de tus brazos la perdí nada más tocar el cielo y darme cuenta de que las nubes no son lugar para sentarse y mirar a los que se fueron y no has vuelto a ver desde que te sonrieron y te prometieron que todo estaba bien, que no pasaba nada, y al día siguiente bajo el suelo, y del suelo al cielo te decían los demás pero nunca he llegado a creerme esa estupidez, porque desde pequeña he sabido que me abrazaban cuando todo iba en contra.

Y tienes que saber lo mucho que duele querer a pesar de.

Así, con punto y final, como el amor, o la putada que es querer sin que el otro sienta que puedes ser alguien en su vida.

Me he puesto una canción triste en un día gris y  he decidido salir a la calle con la esperanza de que alguien me mire y me sonría o me diga: ´Eh, tú, ojos tristes, estas preciosa, así, sin maquillar y despeinada, con el corazón roto y ojeras en el alma, o mirando hacia el cielo con los ojos a punto de estallar e inundar la ciudad´, prometo sonreír o darle las gracias con miedo a que me quiera o le guste, ya sabes lo poco que me gustaba ver a alguien sufrir, por mí, pero ya sabes que no sé querer, a nadie que no seas tú.

lunes, 12 de mayo de 2014

Golpes que duelen y golpes de suerte

Volviste, como un recuerdo fugaz con pocas ganas de ser olvido, volviste en forma de pistola, apuntándote a la sien, apuntándome al pecho, susurrándome que si me iba te morías sin ser consciente de lo perdida que estaba, mi vida, si te vas me encuentro, así que no te vayas nunca que quiero perderme un rato más por las ganas de besarte los lunares y las grietas que tanto miedo tienes de revivir.

Prometo no hacerte daño y apuntar al primer dardo que venga a matarte a besos, y te acabe rompiendo el corazón, creo que aún no sabes lo triste que suena mi risa sin tus ‘Cuando te ríes mi canción favorita es una mierda’ sonando de fondo, pisándome las penas en esta pista de putadas y putas que sueñan con echarse a tus brazos y sentir una bocanada del aire que desprenden tus pulmones, marchitos de tantos besos robados y tantos paros cardíacos cada vez que la veías venir, la hostia, digo, la de curvas y labios de vértigo, pero es que tampoco eres consciente de lo bonito que estas cuando te juras ser feliz y sueñas ente letras y versos a mitad esperando a tu media vida que te los complete, pues déjame decirte que la vida no tiene ni puta idea de lo feliz que puede ser uno sin alguien que lo complete, estando a la mitad, amando sus medias sonrisas y sus manías, hasta sus despedidas y engaños.

En el fondo todos somos un poco cariñosos, torpes, hijos de puta y soñadores y es por eso por lo que vamos a poder con la distancia  y vamos a volver a construir los planes de futuro que se volvieron papeles mojados y ahora mueren tirados en la esquina de una habitación cualquiera, vamos a intentar coger un tren y cumplir promesas, sacar sonrisas y jurarnos volver a vernos con la certeza de que puede ser mentira, pero que mentira más bonita la de ‘Te estoy esperando, vuelve’ que te hace dar pasos en falso sobre una cama que no es la tuya y al final nos creemos estar en el séptimo cielo y solo estamos en el ojo del huracán, así que déjame recordar, recordarte o recordarnos que al hablar del amor nosotros seguimos sintiendo Roma en el pecho cuando el resto sueña con París en sus labios, tal vez debería de haberte dicho que me hundo fácilmente y que tu ida me ha roto la coraza y los rayos de soledad que me has dejado están empezando a dejarme grietas en el pecho, así que vuelve por mucho que digan que el amor duele, haz como yo, y cantales nuestra canción entre lágrimas y recuerdos.

Así que déjame ser justa y decirte que si algún día me echas de menos, no dudes en llamarme, tienes permiso para llamar a mi puerta o mejor aún, para tirarla abajo, de todas formas apuesto a que estaré regando la flor del jardín que lleva tu nombre pero no tu sonrisa, es por eso por lo que sigo recordando la sonrisa que acompañaba a aquel cigarrillo a medias y cómo, entre calada y mirada me dijiste ‘Dame una calada de esa droga tan bonita que ocultas’ y te lanzaste a mis brazos besando mis piernas y recorriste cielos hasta llegar al cementerio que duerme en mi pecho, en el que me agarraste fuerte de la mano y te quedaste a vivir a pesar de los monstruos y los fantasmas del pasado.

Me desmaquillaste y me pusiste guapa entre besos y vasos llenos de sueños dulces que ni la más salada de las lágrimas pudo parar.

Me enseñaste un vacío y me empujaste cogiéndome de la mano derecha, la que decidí poner en el fuego por ti sin ser consciente de lo quemada que estaba, pero es que el simple roce de tus manos sobre mis caderas ya era medicina.

Me llevaste a la playa y me abrazaste porque sabías lo difícil que me resulta quedarme pero también me susurraste que creías en mí porque eras el único capaz de acertar en cada uno de mis fallos y hacerlos victoria. Si te cuento un secreto, sigues siendo el único. Y yo, mientras tus risas ascendían al cielo y tus llantos dejaban huella en el suelo, me preguntaba si el romper de las olas y el mar eran en realidad las lágrimas de los valientes como tú que pusieron en juego hasta su último día de vida por una persona capaz de dejar la vida en un segundo sin ninguna razón.

A veces entiendo tus risas al verme bailar por todo el salón como una loca o tus muecas de dolor al verme tirada en la cama sin ganas de salir a romperme el vestido en un bar cualquiera o mejor aún, en uno de tus latidos.


Lo siento, y es que espero que hayas aprendido que nunca debes enamorarte de esas chicas que se pintan las uñas de azul porque aparentan ser lo más parecido al cielo pero que, cuando te acercas, te das cuenta de que por dentro son como un infierno sin salida de emergencias, de esas chicas que caminan ligeras aunque todo le pese, que leen hasta las tantas o escriben poemas en noches de insomnio, capaz de meter el dedo en la llaga para que duela menos que el dolor de una ida sin razón, sin sentido, como sus ganas de huir y aprender que la vida son golpes, golpes que duelen y golpes de suerte y que a ella le ha tocado tener más moratones que tréboles bajo la manga.

jueves, 1 de mayo de 2014

Aún te espero

Me han llamado preguntando por mi sonrisa, dicen que desde que te fuiste no la han vuelto a ver, yo les digo que estoy esperando a un cabrón que me la lie en el pecho y me devuelva las ganas de querer, pero, tú y yo sabemos que nunca habrá nadie más cabrón que tú y que yo nunca seré capaz de querer a alguien tanto como te quiero a ti, en presente, sí, porque nunca me había dejado tanto la voz en decir te quiero, ni me había latido tan fuerte el corazón o  temblado las piernas al ver a alguien, y ahora que te has ido, he aprendido lo que significa morir por amor, o de dolor, que es lo mismo, porque ninguno de ellos entiende lo que es vivir por y para una sonrisa que te rompe cuando es por otra persona.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         Y he vuelto a pecar, he vuelto a besar sus labios y caer en su olvido, y ahora, al ver como se ha ido sin preguntarle a mi corazón si se iba a poder recuperar, lo ha abierto en canal y ni un poema, ni cuatro canciones de amor susurradas al oído me van a hacer dar pasos hacia atrás y dejar de pensarte como un puente enamorado de un suicida con vértigo que busca unas vías del tren más bonitas dónde dejarse el corazón, y es que siempre hemos hecho el mismo recorrido, el de tu casa a la mía, pero nunca el de mi casa a la tuya, y con casa me refiero a hogar, el que tus costillas izquierdas guardan como oro, igual es que ellas también han visto lo bonito que estas cuando sonríes.                                                                                                                               
 He probado el amor y he de decir que no es todo sonrisas y caricias, tampoco son besos robados o abrazos por la espalda, el amor también es odiar una fragancia que llevas contigo cada día en cada ropa o parte de tu cuerpo que él ha rozado, y al final, acabas odiando cada beso que prometisteis daros en las ciudades más bonitas del mundo, porque, ahora, ya solo queda Alaska, que es tan fría como yo, porque, soñamos con ir a París algún día y ahora podríamos hacer caer la torre Eiffel con el rencor que nos tenemos, soñamos con rehacer Roma y hacerla más bonita y ahora somos nosotros los que nos hemos quedado rotos y vacios, con las miradas apagadas, envidiando cada centímetro de Nueva York.                                                                                                                                                                                       ¿Recuerdas cuando me decías que podía con todo y más?, pues mírame, no he podido ni mantenernos el uno al lado del otro, aunque aún te espero cuando estoy vacía  al pensar en todas esas veces que temblaba de frío y tú solo sabias decirme que estaba más preciosa sonriendo, pero ese es el problema, que debiste haber dado pasos de astronauta hasta mi habitación si tanto me querías, pero que te voy a decir ahora que no te haya dicho entre beso y beso, salidas de emergencia y gente mirándonos  por llenar la última fila del cine con risas, pero, tras todas esas lágrimas y malas rachas, me hiciste sentir infinita, con tus brazos rodeándome la cintura y lo mejor no era sentirte, era que me hiciste soñar sin necesidad de tocar el cielo o cerrar los ojos.

525-0

He bajado de Gran Vía a Sol con el corazón latiéndome más fuerte que nunca y me he tropezado con cien caras a las que nunca buscaré tanto como busque la de ella, y es que mi mirada y parte de mi vida se perdió buscando esa mirada llena de nervios que ansiaba una respuesta y es que aún no he encontrado las palabras justas para expresar la magia que sentí en aquel momento cuando mis pies cobraron vida y empezaron a correr hacia ella, dejando atrás todo, buscando sus brazos, su mirada entre gritos que fueron lo suficientemente fuertes como para hacerla venir hacia mí y tardamos tanto en abrazarnos como las ganas que teníamos de separarnos, y la sentí, mis brazos llenos de vértigo se aferraron a su espalda y nunca he encontrado un lugar tan bonito en el mundo, jamás he visto brillar tanto el sol o ver a la vida mirándome tan orgullosa y es que quién diga que las amistades a distancia son una mierda es que aún no ha visto un abrazo torpe de dos personas que jamás se han rozado pero no pueden quererse más, le he susurrado que la quería mil veces que a día de hoy me han parecido insuficientes y la he abrazado hasta el final con miedo a que se fuese y por las ganas que tenía de que se quedase siempre a mi lado.
Me conozco prados, jardines y jarrones llenos de flores pero al mirarla he contemplado a la flor más bonita de todo Madrid y cuando me ha dicho ‘Te quiero’ o al abrazarla por la espalda me ha lanzado esa frase en forma de flecha que me ha atravesado el pecho, la de  ‘Vamos a estar todo el día abrazándonos’, algo dentro de mí me dijo ‘¿Ves?, las ciudades son más bonitas si tienes a alguien esperándote pase lo que pase’ y allí estaba ella, sonriéndome, sonriéndonos, las dos al fin, juntas, rompiendo a esos 525 kms que el resto de la tarde se convirtieron en 500 sonrisas y 25 risas llenas de felicidad, y es que intentaba tocarla, tocarla para asegurarme de que no era un sueño, de que la tenía delante y es que eso es lo que pasa cuando quieres tanto a alguien que desearías que estuviese siempre a tu lado, verla todos los días, incluso enfadarte con ella para acabar abrazadas.
En realidad, me alegro de habernos vuelto indecisas y no saber a dónde podríamos ir, me alegro de que me mirara cada poco desde abajo, siendo tan pequeña sin saber que tiene el corazón más grande que haya conocido, y nos hemos tomado un batido en el templo más precioso que haya visto pero tenía la séptima estrella delante de mí que me hizo decirle a todo que podía olvidarse de intentar ser tan bonita como ella, me ha sacado sonrisas y he decidió grabarme su sonrisa en la memoria hasta la próxima vez que la escuche y me llene de nuevo el alma, y que ganas de volver a verla y a preguntarle por sus pies, y que menos mal que ya no le aprietan los zapatos y que me alegro de volver a verla pero que ya no se vaya más porque me muero.
Me ha hecho correr, hemos corrido como locas por Madrid en busca de un tren en marcha sin ganas de esperarnos, aún no se lo he contado pero me alegraba de cada semáforo en rojo o minuto que pasaba porque era más tiempo a su lado, así que sí, el corazón se me quebró al verla irse porque lo único que quería hacer era saltar la maldita máquina e irme con ella, a cualquier parte, pero con ella, supongo que el miedo a no volver a verla me hizo abrazarla más fuerte de lo que debía o a subir las escaleras mirando hacia atrás, por si la veía volver y si he llorado ha sido porque no ha vuelto, y porque he hecho nuestro recorrido sola de la mano de la soledad que me ha dejado, pensando en que la he llevado a caballito asegurándola de que podía con ella, cuando en realidad no tengo nada de fuerza, tan solo me mataba vera sufrir y además, con ella a mi lado puedo con todo.

Y ahora, juraría que estábamos en una foto ya que no dejábamos de sonreír o mejor aún, éramos ese momento de después de la foto en la que la gente vuelve a su cara triste y cansada de siempre, pero al revés, éramos la eterna sonrisa, la de verdad, la que no se borra y ahora, me rió de todos aquellos que dicen que las amistades a distancia son imposibles y la abrazo y vivo en ese abrazo día tras día.

martes, 22 de abril de 2014

Mi poeta

Poco se habla de las escapadas a las doce de la mañana que te hacen pensar que el mundo es un poco mejor subida en un autobús ,con los cascos a todo volumen rumbo a una pérdida de memoria por varios días, de eso podría hablaros un amigo mío, creo que nadie sería capaz de tener tantas ganas de volar como él, podría decirse que es un artista en eso de salvarte y cuidarte cuando peor estas, pocas veces me dice que me quiere y entiendo que no lo haga, pues cada vez que me lo dice me rio, ya que no sabe lo que daría por estar hoy, quizás ayer pero sobretodo mañana a su lado.                                                                                                                                     

Y he visto Gran Vía y es una mierda comparada con sus ojos, no espero que lo entendáis, supongo que pocos habrán tenido la suerte de pasar una tarde con él escuchando su risa u oyéndolo gruñir al golpearle cariñosamente, juro que  nunca unos pocos momentos me han llenado tanto como los que comparto con él, y es que es un ladrón por haberme robado parte de mi corazón, pero se lo dejo porque es el cabrón que te roba una parte de tu corazón para que cuando venga un hijo de puta y te lo rompa aún te quede un poco de vida ahí dentro, así que no me jodáis con que ‘Míralo, como se fuma un cigarrillo tras otro’ o que si es un chico triste, porque no tenéis ni puta idea de que lleva la historia más bonita entre grietas, que es sólo una buena hostia, de estas que te da la vida y te hacen saltar a la realidad, así que sí, tiene la sonrisa más gris del mundo y a veces llueve, más que en Londres pero, que grande es el cabrón, más que el Big Ben que tanto presume de belleza sin verlo a él con su cigarrillo en la boca y sus sueños en la mano.                                                                                                                                                                                                             
Y es que fuma y bebe y baila canciones tristes para sentirse mejor porque ha probado más veces el veneno del amor que su cura, y tiene las ojeras más oscuras de la ciudad pero no sabe que con su fuerza podría hacer brillar medio mundo, la otra mitad sería una mierda sin su magia, lo sé porque lo he visto irse y he tenido que agarrarme a las vías con un tren en marcha pisándome los talones con tal de que no se fuese, y que increíble es, que salta a las vías del tren cuando te ve a punto de dejar tus sueños y para el tren, el mundo, el miedo solo para llevarte a tomar chupitos y recordarte que la vida hay que vivirla poco a poco, pero que a veces, se tiene que coger carrerilla aunque duela.

Él es el amigo al que le dices ‘Me voy a coger un tren’ y corre para ser el primero en abrazarte y quitarte la soledad, así que no, no tengo ni puta idea de lo que haría ahora mismo sin él para que me quitase el frío los inviernos o me ayudase a llenar los huecos vacíos de mi alma y es que es silencio cargado de dulzura y felicidad vestida de amor.     


El hogar más cercano que conozco son sus brazos y sus ‘Joder, te quiero’ cuando esta borracho que me hacen sacarlo a la pista de baile y demostrarle que nadie baila tan torpe una canción como nosotros, sinceramente sé que algún día lo veré cumplir sus sueños, sé que incluso llegará más allá de lo que él cree posible, y es que es un poeta, un puto grito al vacío que muchos escuchamos pero pocos sentimos, así que si algún día me matan que sea con una bala llena de poesía, de su poesía.            

domingo, 20 de abril de 2014

Poeta de bar y musa de un ginebra barato

Los verdaderos escritores no son los que escriben a pluma en un folio en blanco, son los que aún con el corazón hecho trizas te llenan el alma.                                                                                                                                                                                                                                              Y nosotros, poeta de bar y musa de un ginebra barato fuimos algo así como un desastre conmovedor que no por querernos fuimos más grandes o mejores, pero nos hemos llenado el vacío entre las clavículas y las caderas, a las que solo me aferraba cuando todo iba en contra y has encontrado la forma de romperme la coraza que de tantas me ha salvado con una simple mirada entre bailes pisándonos los pies y besos con sabor a cerveza, así que perdón  si en algún momento te quise más que a mí misma, es que nunca he sido la primera opción de nadie, soy más de ser el cuarto plato que se pudre esperando a que se acabe el primero, pero entonces llegaste tú y me invitaste a ser tu primer y último plato y a pesar de que lo nuestro era un amor con más odio que amor, nadie podrá negar que apostamos hasta el final por ello.     
                                                                                                                                                          
Y me gustaba cuando nos disfrazábamos de ladrones, robándonos los corazones, o de payasos, intentando sacarnos una sonrisa de vez en cuando, de cantantes de garaje, de poetas, de astronautas soñando tocar el cielo y supongo que lo  hemos tocado tantas veces que al final lo hemos desgastado, como el amor, como nuestros labios, como todo y es que a veces por muchos cojones que le eches a la vida, esta acaba rompiéndote y nosotros, jurando ser inocentes con las manos llenas de sangre, prometimos estar echándonos las culpas y aprendiendo cada día una nueva manía del otro.

sábado, 19 de abril de 2014

Éramos una canción triste que bailaba torpemente un vals.

Estaba sola y rota, en el bar más feo de toda la ciudad, a cinco tequilas de ti, que solo me llevaron diez minutos llenos de miradas torpes, sonrisas vacías y ojeras de tanto sobrevivir.

Y nos fuimos acercando como unos desconocidos con necesidad de perder el tiempo en vidas ajenas, pero lo nuestro no fue perder el tiempo, fue hacer poesía, magia, y es que tu soledad hacia juego con mis ojeras.

Y me sonreíste y tuve que alquilar un salvavidas de segunda mano para hundirme en tu sonrisa, que estaba tocando fondo, y yo, quería quedarme para siempre en ella.

Me cogiste de la cadera y me enseñaste lugares maravillosos, pero ninguno de ellos estaba a la altura de tus clavículas, en las que caía intencionadamente y besaba y fingía dormir y al final de tanto mordernos la mejilla nos dejamos marca, en el pecho y es por eso por lo que nosotros no éramos de creer en infinitos, éramos de reírnos de sus ‘Para siempre’ y arañar nuestro ‘Hasta el final’ que siempre temimos que llegase pero del que ninguno se atrevió a huir el día que llego y es que el amor es de valientes y yo soy cobarde sin tu perfume en mis mejores vestidos o el olor salado a palomitas en mi pijama del que tanto te reías sabiendo que acabaría en el suelo, y ahora, míralo a él, como se ríe de nosotros al vernos rotos, tirados en el suelo, sin salvavidas y con el mundo haciéndose cada vez más grande y nosotros más pequeños.

Y nos hemos dejado la piel y muchos besos en copas ajenas a la vez que aprendía que a veces los que más se supone que te quieren son los que más daño te hacen, porque no conozco nada bonito o que no joda antes de un ‘Es por tu bien’, por eso me creo la mierda de que la verdadera familia no es la de sangre, son los que te quieren y te apoyan hagas lo que hagas y es por eso por lo que quiero oírtelo decir, como hace tres meses cuando me despertaba de una pesadilla que ni yo recordaba, ni tú querías saber y me susurrabas ‘Cariño, aún no me he ido y ya me estas echando de menos’ y me abrazaba a ti, y nos volvíamos a dormir pensando en que seria de mi sin ti, y aquí estoy, bebiendo y escribiendo, fumando y escribiendo y muriendo y sobreviviendo pero sobre todo muriendo, pensando en cuantos días se tarda en olvidar a un muerto que solo es recordado por cuatro flores marchitas.

Espero que al menos te quede ese tatuaje imbécil en la clavícula derecha que reza ‘Hasta el final’, yo ya lo llevo tatuado en el corazón a fuego.

jueves, 17 de abril de 2014

Me voy a darte fuego.

Estoy saliendo de casa, te he dejado una nota en la mesita que nunca leerás, dice: 'Me voy a darte fuego', esta al lado de la tuya, la de 'Me voy a por cigarrillos'.

He dejado la puerta a medio cerrar, por si vuelves y la cierras de un portazo al besarme contra ella, y he abierto las ventanas de par en par, esperando a que se vaya lo vivido, cuando los recuerdos, los llevo en el pecho, que apenas late, dice que necesita una de tus tiritas de locura para curar las grietas de soledad que nos dejaste.

El semáforo se pone en rojo y los motores de los coches rugen, se apresuran a salir y yo todavía decidiendo si cruzar o no, algo así como el día en el que me dijiste que me querías y dudé entre saltar o no el vacío que me separaba de tus dulces besos, ahora todo me sabe amargo.

Recuerdo cuando nos tirábamos en el jardín del parque y observábamos a las aves mientras gritábamos ciudades hacía donde irían cuando en realidad eran ciudades a las que nos prometimos irnos a vivir algún día, hoy me pregunto de que huyen, espero que sea del amor, apuesto a que duele el doble que una puñalada por la espalda.

El semáforo esta en verde, me digno a cruzar ya que los cobardes siempre cruzamos después de los suicidas, después de ver que no hay peligro, que estamos a salvo, eso me hace pensar en las veces que me has cogido de la mano y hemos cruzado en rojo como suicidas, pero sintiéndonos seguros.

Y que tiernos los niños prometiéndose amor sin saber lo que duele, que sensatos los adultos que se ocultan bajo una coraza con miedo al daño, y que bonitos éramos nosotros discutiendo como niños y queriéndonos como perros.

Cariño, te espero en nuestro bar, con un mechero en la mano y una carta bajo los efectos del dolor en la otra.


Pasan las horas y no hay noticias del chico de la sonrisa rota de todos los días.

En la radio suena la canción que sonó el día que nos perdimos.

miércoles, 16 de abril de 2014

Hagamos un trato.

Llegas diez abrazos tarde, que son las veces que te he necesitado entre mis brazos, canciones y lágrimas disfrazadas de silencio, un silencio que me recuerda lo mucho que me gustaba cuando tu risa se colaba entre los huecos rotos de mi corazón, cuando tus muecas acababan por ser sonrisas que atrapaban mis labios, pedazos de carne que no han sabido apreciar tu calor en invierno o tu frío en verano, me gustaba cuando se me aceleraba el corazón, como esperando a que vinieses, te fueses, me mirases o te escondieses, todo con tal de no verte morir entre mis brazos o entre mis piernas, pero entonces te acercabas y me decías lo bonita que estaba, me subías y me enseñabas a volar haciendo que mis piernas dejaran de temblar y se enredasen en tu cadera, maldita perdición que me ataba y me ata, suéltame, no sé querer sin locura, aunque, locura sería no quererte.          

Así que ven, acércate, no tengas miedo, ya te he perdonado, pero te aviso de que si te vuelves a ir soy bala y puedo atravesarte el pecho, te dolerá, lo sé porque ya no estaré yo de por medio, siendo tu escudo, y es que más me ha dolido dejarme el perfume en un lugar para almas rotas y no en tu camisa.                                                                                                                                       

Eres la llamada de las doce que me incita a desgastarme los labios o el mensaje que me dice: ‘Ojos tristes, tengo la canción más bonita del mundo sonando en mi pecho, ¿Te quedas para un baile o para toda la vida?´ pero ninguno me ha llegado, y si lo han hecho, no eras tú, porque tú siempre has sido el que a ganas de joder me gana, el que me invita a beber de una botella a morro y perder las maneras de princesa que nunca he llegado a ser, y es que siempre he preferido ser la zorra que huye antes de que el cuento acabe doliendo.         

Pero, esta vez, voy a quedarme sin importar el final, porque aún te quedan recuerdos, lo veo en tu mirada, poeta, debiste pensártelo dos veces antes de huir y es que dicen que en las huidas se llevan más recuerdos que prisas, y por cómo te dejaste el alma en la carrera buscando otros labios en los que dejarte la vida, podría decir que te has llevado mi corazón. He dejado de sentir amor y el frío quema. 

¿Qué te parece si hacemos un trato?, yo te ofrezco los trozos rotos de mi corazón, si tú prometes no irte más.

Tengo balas en la recamara.

Hemos caído en la rutina y con ella nos hemos anclado al vacio del que ya ninguno es capaz de salir.                                                                                                                                                                                                     Y ya ni coincidimos para entrar al infierno, el cielo o la soledad, que es lo único que queda, ahora que el amor está ausente, velando por personas que acarician cada día el corazón de otro, no le guardo rencor, el amor es para los que han llegado a morderse algo más que el labio, y nosotros no hemos llegado ni a mordernos la mejilla y compartir un dolor que se va al sentir el sonido hueco de un beso cayendo como plomo sobre él, curando la herida, del mordisco, que no la cicatriz con los recuerdos de aquella noche que se abre con cada sonrisa que me lanza la luna cuando mis lágrimas brillantes la rodean, y es que tengo más flechas clavadas a la espalda que Cupido en mano, y le pido a este último que le diga que voy a quedarme con lo poco que quede de ese ‘Nosotros’ que fuimos construyendo en meses y que se hizo polvo en días, aunque fuese la primera en irme diciéndole que todo estaba bien cuando todo eran ruinas dentro de mí,  porque no tengo cojones para quedarme, pero tengo ilusiones que me hacen seguir hacia delante y una bala en la recamara porque a veces irse duele el doble que quedarse esperando, porque si todo sale mal me toca disparar, contra mi mayor enemigo, contra mí, y volarme la cabeza y manchar el suelo con poesía al darme cuenta de que la vida son tres días, y yo no me merezco ni un segundo desde que me he ido sin decir adiós, sin una nota o última discusión, en parte, ha sido culpa de mi corazón que con los años ha ido creando una aduana que ha parado más corazones que droga.