martes, 10 de junio de 2014

Ella es poeta

Ella es la chica del café en la mano, en realidad, no le gusta, solo lo toma para mantenerse despierta ya que cada día pone el despertador a las cuatro, a veces a las cinco, muchas veces seis minutos antes de salir sabiendo que no será capaz de levantarse y lo apagara, no tiene mucha fuerza de voluntad, pero tiene un corazón que no le cabe en el pecho, roto de tantos saltos suicidas al amor, de tantas noches en vela o silencios en el alma, dice estar vacía, como su vaso de tequila un sábado a las doce, pero es que no sabe que es poesía, que no necesita poetas que la hagan musa de un poema de bar, ya que ella ya es la musa de las palabras que encierran su vacío, que irónico resulta que este tan vacía y a la vez tan llena, e igual es eso lo que le falla, los sentimientos que la hacen temblar pero que nunca la hicieron dudar al borde de un precipicio, y es que ella es muy de meter media pata, para no caerse del todo, por miedo a que venga alguien, la empuje y no pueda ser salvada.

Ella es la de la sonrisa que quita el aire los sábados, la de las malas caras un lunes, la que se sienta en el tren mirando al vacío con los cascos puestos como si nada ni nadie pudiese filtrarse entre las grietas de su coraza y adentrarse en su corazón para hacerse un hueco en su vida.
Ella es la que se tapa la cara cuando alguien le intenta sacar una foto o la que se mira en el espejo y solo ve defectos sin pararse a ver lo bonita que es, y sin darse cuenta de los corazones de más que ha roto por quererse de menos, es la que sonríe, se ríe y levanta las manos en el avión cuando hay turbulencias como diciendo ‘Al menos moriré feliz’.

Ella es la chica que se fuga un martes trece en el primer tren que pasa con la soledad cogiéndola de la mano y una persona dispuesta a llenar esa soledad en la última parada, la que resopla nerviosa apartándose los mechones de pelo que caen sobre su cara, ella es la del último vagón, la de la mirada perdida, que prefiere que la llamen ojos tristes a bonita, es la que mira con cautela al chico sentado dos filas más allá o la que piensa que todo saldrá bien aún con la soga al cuello, la que pierde el rumbo y las maneras cuando ve su mirada clavándose en la suya.
La que desde que se fugó dos horas se dio cuenta de que al mundo le da igual si te vas o te quedas, porque seguirá girando, así que ha aprendido a vivir bajo sus reglas pero aún no ha aprendido a no hacer lo que ella quiere.

La que siempre esta con un bolígrafo en la mano, escribiendo por y para alguien, para sacar lágrimas o hacer sonreír una mirada apagada que aún no sabe lo mucho que vale, y es que ella entra cuando la tristeza se refugia en sus amigos con mil abrazos en la recámara, pero cuando la soledad le aprieta las cicatrices, nadie llega dando guerra en busca de su cuerpo frío, ella es así, ayuda al resto, pero nadie la ayuda a ella y eso si echas cuentas acaba saliendo caro, ella no lo sabe, ella aún no sabe que el tiempo traiciona y que hoy estás en el séptimo cielo muriéndote de vértigo y mañana estas bajo tierra, aunque tengo la firme sospecha de que ella se ha quedado anclada entre el cielo y el subsuelo, ya que de vez en cuando se la ve llevando flores a tumbas llenas de cuerpos inertes o mirando al cielo echando de menos.

La que llora en silencio, y ríe en público, la que te esconde las palabras y te cierra el corazón para abrirlo entre folios arrugados y cartas quemadas, dicen que a veces tiembla, en verano de recuerdos, en invierno de ausencia, lo sé porque al caminar deja una huella que dura relativamente lo que dura una calada, pero en corazones deja insomnios y deterioros que jamás podrá pagar porque esta endeudada hasta las tracas con París y vive eternamente en Roma.

Ella es la que sueña con tener una vida hecha o sorprendente, adicta a los nervios de los últimos segundos antes de cruzar la frontera y abrazar el pecho de un desconocido, la que te mira y te hace tambalearte al borde de un precipicio para al final dejarte caer en una felicidad interna al sonreírte, la que te apuñala y avisa para que puedas esquivarlo, a la que apuñalan y matan pero sigue en pie.

La que le dicen que puede dar más, pero eso es porque nunca la han escuchado gritar, gritar que no va a dar de más en cosas que no le gustan, que prefiere dejarse el alma, los sentidos y el corazón en un décimo piso con un paisaje de puta madre y una sonrisa escapándosele entre los dientes, como sus letras desperdiciándose en un folio de papel que nadie leerá.

Es la que echa de menos sin conocer, pero sabe cómo ganarse el cariño y la confianza a kilómetros, ella es prudente, la chica que camina ligera por los pasillos del instituto, la que suspira de vez en cuando con ganas de irse lejos.

Ella es la que se deja la voz en una canción que nadie conoce, o dibuja corazones rotos en un folio en blanco, la que pone una equis solitaria en un baño lleno de nombres de enamorados, la chica de días grises y falda azul.


La que pone mala cara a sus enemigos y abraza a sus amigos, la chica que vivía en un invierno interno pero que cuando sonreía traía la primavera.

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