martes, 22 de abril de 2014

Mi poeta

Poco se habla de las escapadas a las doce de la mañana que te hacen pensar que el mundo es un poco mejor subida en un autobús ,con los cascos a todo volumen rumbo a una pérdida de memoria por varios días, de eso podría hablaros un amigo mío, creo que nadie sería capaz de tener tantas ganas de volar como él, podría decirse que es un artista en eso de salvarte y cuidarte cuando peor estas, pocas veces me dice que me quiere y entiendo que no lo haga, pues cada vez que me lo dice me rio, ya que no sabe lo que daría por estar hoy, quizás ayer pero sobretodo mañana a su lado.                                                                                                                                     

Y he visto Gran Vía y es una mierda comparada con sus ojos, no espero que lo entendáis, supongo que pocos habrán tenido la suerte de pasar una tarde con él escuchando su risa u oyéndolo gruñir al golpearle cariñosamente, juro que  nunca unos pocos momentos me han llenado tanto como los que comparto con él, y es que es un ladrón por haberme robado parte de mi corazón, pero se lo dejo porque es el cabrón que te roba una parte de tu corazón para que cuando venga un hijo de puta y te lo rompa aún te quede un poco de vida ahí dentro, así que no me jodáis con que ‘Míralo, como se fuma un cigarrillo tras otro’ o que si es un chico triste, porque no tenéis ni puta idea de que lleva la historia más bonita entre grietas, que es sólo una buena hostia, de estas que te da la vida y te hacen saltar a la realidad, así que sí, tiene la sonrisa más gris del mundo y a veces llueve, más que en Londres pero, que grande es el cabrón, más que el Big Ben que tanto presume de belleza sin verlo a él con su cigarrillo en la boca y sus sueños en la mano.                                                                                                                                                                                                             
Y es que fuma y bebe y baila canciones tristes para sentirse mejor porque ha probado más veces el veneno del amor que su cura, y tiene las ojeras más oscuras de la ciudad pero no sabe que con su fuerza podría hacer brillar medio mundo, la otra mitad sería una mierda sin su magia, lo sé porque lo he visto irse y he tenido que agarrarme a las vías con un tren en marcha pisándome los talones con tal de que no se fuese, y que increíble es, que salta a las vías del tren cuando te ve a punto de dejar tus sueños y para el tren, el mundo, el miedo solo para llevarte a tomar chupitos y recordarte que la vida hay que vivirla poco a poco, pero que a veces, se tiene que coger carrerilla aunque duela.

Él es el amigo al que le dices ‘Me voy a coger un tren’ y corre para ser el primero en abrazarte y quitarte la soledad, así que no, no tengo ni puta idea de lo que haría ahora mismo sin él para que me quitase el frío los inviernos o me ayudase a llenar los huecos vacíos de mi alma y es que es silencio cargado de dulzura y felicidad vestida de amor.     


El hogar más cercano que conozco son sus brazos y sus ‘Joder, te quiero’ cuando esta borracho que me hacen sacarlo a la pista de baile y demostrarle que nadie baila tan torpe una canción como nosotros, sinceramente sé que algún día lo veré cumplir sus sueños, sé que incluso llegará más allá de lo que él cree posible, y es que es un poeta, un puto grito al vacío que muchos escuchamos pero pocos sentimos, así que si algún día me matan que sea con una bala llena de poesía, de su poesía.            

domingo, 20 de abril de 2014

Poeta de bar y musa de un ginebra barato

Los verdaderos escritores no son los que escriben a pluma en un folio en blanco, son los que aún con el corazón hecho trizas te llenan el alma.                                                                                                                                                                                                                                              Y nosotros, poeta de bar y musa de un ginebra barato fuimos algo así como un desastre conmovedor que no por querernos fuimos más grandes o mejores, pero nos hemos llenado el vacío entre las clavículas y las caderas, a las que solo me aferraba cuando todo iba en contra y has encontrado la forma de romperme la coraza que de tantas me ha salvado con una simple mirada entre bailes pisándonos los pies y besos con sabor a cerveza, así que perdón  si en algún momento te quise más que a mí misma, es que nunca he sido la primera opción de nadie, soy más de ser el cuarto plato que se pudre esperando a que se acabe el primero, pero entonces llegaste tú y me invitaste a ser tu primer y último plato y a pesar de que lo nuestro era un amor con más odio que amor, nadie podrá negar que apostamos hasta el final por ello.     
                                                                                                                                                          
Y me gustaba cuando nos disfrazábamos de ladrones, robándonos los corazones, o de payasos, intentando sacarnos una sonrisa de vez en cuando, de cantantes de garaje, de poetas, de astronautas soñando tocar el cielo y supongo que lo  hemos tocado tantas veces que al final lo hemos desgastado, como el amor, como nuestros labios, como todo y es que a veces por muchos cojones que le eches a la vida, esta acaba rompiéndote y nosotros, jurando ser inocentes con las manos llenas de sangre, prometimos estar echándonos las culpas y aprendiendo cada día una nueva manía del otro.

sábado, 19 de abril de 2014

Éramos una canción triste que bailaba torpemente un vals.

Estaba sola y rota, en el bar más feo de toda la ciudad, a cinco tequilas de ti, que solo me llevaron diez minutos llenos de miradas torpes, sonrisas vacías y ojeras de tanto sobrevivir.

Y nos fuimos acercando como unos desconocidos con necesidad de perder el tiempo en vidas ajenas, pero lo nuestro no fue perder el tiempo, fue hacer poesía, magia, y es que tu soledad hacia juego con mis ojeras.

Y me sonreíste y tuve que alquilar un salvavidas de segunda mano para hundirme en tu sonrisa, que estaba tocando fondo, y yo, quería quedarme para siempre en ella.

Me cogiste de la cadera y me enseñaste lugares maravillosos, pero ninguno de ellos estaba a la altura de tus clavículas, en las que caía intencionadamente y besaba y fingía dormir y al final de tanto mordernos la mejilla nos dejamos marca, en el pecho y es por eso por lo que nosotros no éramos de creer en infinitos, éramos de reírnos de sus ‘Para siempre’ y arañar nuestro ‘Hasta el final’ que siempre temimos que llegase pero del que ninguno se atrevió a huir el día que llego y es que el amor es de valientes y yo soy cobarde sin tu perfume en mis mejores vestidos o el olor salado a palomitas en mi pijama del que tanto te reías sabiendo que acabaría en el suelo, y ahora, míralo a él, como se ríe de nosotros al vernos rotos, tirados en el suelo, sin salvavidas y con el mundo haciéndose cada vez más grande y nosotros más pequeños.

Y nos hemos dejado la piel y muchos besos en copas ajenas a la vez que aprendía que a veces los que más se supone que te quieren son los que más daño te hacen, porque no conozco nada bonito o que no joda antes de un ‘Es por tu bien’, por eso me creo la mierda de que la verdadera familia no es la de sangre, son los que te quieren y te apoyan hagas lo que hagas y es por eso por lo que quiero oírtelo decir, como hace tres meses cuando me despertaba de una pesadilla que ni yo recordaba, ni tú querías saber y me susurrabas ‘Cariño, aún no me he ido y ya me estas echando de menos’ y me abrazaba a ti, y nos volvíamos a dormir pensando en que seria de mi sin ti, y aquí estoy, bebiendo y escribiendo, fumando y escribiendo y muriendo y sobreviviendo pero sobre todo muriendo, pensando en cuantos días se tarda en olvidar a un muerto que solo es recordado por cuatro flores marchitas.

Espero que al menos te quede ese tatuaje imbécil en la clavícula derecha que reza ‘Hasta el final’, yo ya lo llevo tatuado en el corazón a fuego.

jueves, 17 de abril de 2014

Me voy a darte fuego.

Estoy saliendo de casa, te he dejado una nota en la mesita que nunca leerás, dice: 'Me voy a darte fuego', esta al lado de la tuya, la de 'Me voy a por cigarrillos'.

He dejado la puerta a medio cerrar, por si vuelves y la cierras de un portazo al besarme contra ella, y he abierto las ventanas de par en par, esperando a que se vaya lo vivido, cuando los recuerdos, los llevo en el pecho, que apenas late, dice que necesita una de tus tiritas de locura para curar las grietas de soledad que nos dejaste.

El semáforo se pone en rojo y los motores de los coches rugen, se apresuran a salir y yo todavía decidiendo si cruzar o no, algo así como el día en el que me dijiste que me querías y dudé entre saltar o no el vacío que me separaba de tus dulces besos, ahora todo me sabe amargo.

Recuerdo cuando nos tirábamos en el jardín del parque y observábamos a las aves mientras gritábamos ciudades hacía donde irían cuando en realidad eran ciudades a las que nos prometimos irnos a vivir algún día, hoy me pregunto de que huyen, espero que sea del amor, apuesto a que duele el doble que una puñalada por la espalda.

El semáforo esta en verde, me digno a cruzar ya que los cobardes siempre cruzamos después de los suicidas, después de ver que no hay peligro, que estamos a salvo, eso me hace pensar en las veces que me has cogido de la mano y hemos cruzado en rojo como suicidas, pero sintiéndonos seguros.

Y que tiernos los niños prometiéndose amor sin saber lo que duele, que sensatos los adultos que se ocultan bajo una coraza con miedo al daño, y que bonitos éramos nosotros discutiendo como niños y queriéndonos como perros.

Cariño, te espero en nuestro bar, con un mechero en la mano y una carta bajo los efectos del dolor en la otra.


Pasan las horas y no hay noticias del chico de la sonrisa rota de todos los días.

En la radio suena la canción que sonó el día que nos perdimos.

miércoles, 16 de abril de 2014

Hagamos un trato.

Llegas diez abrazos tarde, que son las veces que te he necesitado entre mis brazos, canciones y lágrimas disfrazadas de silencio, un silencio que me recuerda lo mucho que me gustaba cuando tu risa se colaba entre los huecos rotos de mi corazón, cuando tus muecas acababan por ser sonrisas que atrapaban mis labios, pedazos de carne que no han sabido apreciar tu calor en invierno o tu frío en verano, me gustaba cuando se me aceleraba el corazón, como esperando a que vinieses, te fueses, me mirases o te escondieses, todo con tal de no verte morir entre mis brazos o entre mis piernas, pero entonces te acercabas y me decías lo bonita que estaba, me subías y me enseñabas a volar haciendo que mis piernas dejaran de temblar y se enredasen en tu cadera, maldita perdición que me ataba y me ata, suéltame, no sé querer sin locura, aunque, locura sería no quererte.          

Así que ven, acércate, no tengas miedo, ya te he perdonado, pero te aviso de que si te vuelves a ir soy bala y puedo atravesarte el pecho, te dolerá, lo sé porque ya no estaré yo de por medio, siendo tu escudo, y es que más me ha dolido dejarme el perfume en un lugar para almas rotas y no en tu camisa.                                                                                                                                       

Eres la llamada de las doce que me incita a desgastarme los labios o el mensaje que me dice: ‘Ojos tristes, tengo la canción más bonita del mundo sonando en mi pecho, ¿Te quedas para un baile o para toda la vida?´ pero ninguno me ha llegado, y si lo han hecho, no eras tú, porque tú siempre has sido el que a ganas de joder me gana, el que me invita a beber de una botella a morro y perder las maneras de princesa que nunca he llegado a ser, y es que siempre he preferido ser la zorra que huye antes de que el cuento acabe doliendo.         

Pero, esta vez, voy a quedarme sin importar el final, porque aún te quedan recuerdos, lo veo en tu mirada, poeta, debiste pensártelo dos veces antes de huir y es que dicen que en las huidas se llevan más recuerdos que prisas, y por cómo te dejaste el alma en la carrera buscando otros labios en los que dejarte la vida, podría decir que te has llevado mi corazón. He dejado de sentir amor y el frío quema. 

¿Qué te parece si hacemos un trato?, yo te ofrezco los trozos rotos de mi corazón, si tú prometes no irte más.

Tengo balas en la recamara.

Hemos caído en la rutina y con ella nos hemos anclado al vacio del que ya ninguno es capaz de salir.                                                                                                                                                                                                     Y ya ni coincidimos para entrar al infierno, el cielo o la soledad, que es lo único que queda, ahora que el amor está ausente, velando por personas que acarician cada día el corazón de otro, no le guardo rencor, el amor es para los que han llegado a morderse algo más que el labio, y nosotros no hemos llegado ni a mordernos la mejilla y compartir un dolor que se va al sentir el sonido hueco de un beso cayendo como plomo sobre él, curando la herida, del mordisco, que no la cicatriz con los recuerdos de aquella noche que se abre con cada sonrisa que me lanza la luna cuando mis lágrimas brillantes la rodean, y es que tengo más flechas clavadas a la espalda que Cupido en mano, y le pido a este último que le diga que voy a quedarme con lo poco que quede de ese ‘Nosotros’ que fuimos construyendo en meses y que se hizo polvo en días, aunque fuese la primera en irme diciéndole que todo estaba bien cuando todo eran ruinas dentro de mí,  porque no tengo cojones para quedarme, pero tengo ilusiones que me hacen seguir hacia delante y una bala en la recamara porque a veces irse duele el doble que quedarse esperando, porque si todo sale mal me toca disparar, contra mi mayor enemigo, contra mí, y volarme la cabeza y manchar el suelo con poesía al darme cuenta de que la vida son tres días, y yo no me merezco ni un segundo desde que me he ido sin decir adiós, sin una nota o última discusión, en parte, ha sido culpa de mi corazón que con los años ha ido creando una aduana que ha parado más corazones que droga.